Hiperinflación y apagones profundizan agonía de las industrias en Venezuela

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CARACAS.- Hiperinflación, desplome de los pedidos y una huída de los empleados fueron algunos de los obstáculos que la empresa de Antonello Lorusso debió enfrentar en los últimos años en la ciudad industrial de Valencia, Venezuela.


Pero desde marzo, la empaquetadora de azúcar y granos debe sobrevivir a un nuevo desafío: la falta de luz.
Las fallas eléctricas que han paralizado gran parte del país también han interrumpido la producción. Un lunes de abril sólo funcionaba una máquina para abastecer el único pedido de mercadería que Lorusso había recibido.
Las otro ocho que se veían en el sitio estaban apagadas, una realidad que se repite desde marzo cuando en todo el mes empaquetó lo que solía procesar en un sólo día con la ayuda de un generador eléctrico.
“La semana pasada la luz vino de forma muy intermitente. No sé decir cuántas horas hubo luz (…) entre 24 y 30 horas en toda la semana”, dijo el dueño de Distribuidora Marina que como la mayoría de los empresarios no logra operar con los cortes imprevistos, que lo dejan sin comunicación, agua y personal.
“No hay información (…) no sabemos si (las interrupciones de electricidad) se prolongan o no”, agrega Lorusso, en una zona industrial a dos horas de la capital.
La mayoría de las industrias está fuera de Caracas, la única ciudad grande que quedó excluida de un plan de cortes indefinido que ordenó el gobierno en disputa de

Nicolás Maduro para enfrentar la crisis eléctrica, una vez que dos apagones nacionales en marzo oscurecieron la nación petrolera por varios días y debilitaron el sistema.
Aunque los cortes están programados para ciertas horas del día, casi nunca coinciden ni en el horario ni en la duración de tres horas previstos en el plan.
Unidades de grandes multinacionales como Nestlé o Ford operan también en Valencia, que fue un poderoso centro industrial en el que quedan funcionando unas 500 compañías, la décima parte que hace dos décadas, en medio de galpones vacíos, maquinaria a la intemperie y aceras llenas de maleza.
En los últimos días es todavía menor el tráfico pues la zona sufre interrupciones que se alargan por 10 horas, según relatan casi una docena de ejecutivos y trabajadores.
Con una inflación que supera un millón y medio por ciento en marzo y arrastró el consumo de alimentos a la mitad en el último año, la falta de luz y agua es otro golpe mortal para el sector privado que, a medida que minimiza la producción, se le hace más costoso operar en un círculo vicioso.
Ni con plantas eléctricas la industria logra paliar el efecto de las suspensiones y la producción se paraliza en fábricas de alimentos o bebidas, que en 2019 bajo el segundo año de hiperinflación venían operando por debajo del 25 por ciento, de acuerdo a Conindustria, el mayor gremio que las agrupa.
El lunes la falta de luz detuvo una planta que fabrica envases de lata en una zona industrial de Valencia al mediodía, y no regresó hasta después de las cuatro de la tarde, la hora que termina la jornada de trabajo.
“El juego se trancó. Las industrias están entrando en estado de desespero por inviabilidad”, dijo un ejecutivo de una empresa de alimentos bajo condición de mantener su nombre en reserva.

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