Presidente Trump mostró lo bajo que caería en inmigración

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CNN) — Justo cuando pensabas que él no podía caer más bajo, lo hizo.


El “él” aquí es el presidente Donald Trump. Y lo que hizo fue presionar a la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, para que tomara a los inmigrantes indocumentados detenidos que intentaban ingresar al país y los llevara en buses a las ciudades santuario ubicadas en los distritos del Congreso de destacados miembros demócratas del Congreso, incluida la presidenta Nancy Pelosi, demócrata por California. (Nielsen fue removida de su puesto el domingo, la primera de una purga más amplia dentro del Departamento de Seguridad Nacional ejecutada por Trump en los últimos cinco días).
El cinismo aquí es altísimo. Trump, y su principal asistente, Stephen Miller, promovieron esta idea en dos ocasiones bajo la creencia de que si podían poner a los inmigrantes indocumentados en los patios traseros, casi literalmente, de los opositores de los planes de inmigración de línea dura del Gobierno, esos opositores cambiarían de opinión. O, al menos, haría sus vidas más difíciles.
Trump confirmó el plan reportado en varios tuits el viernes: “Debido al hecho de que los demócratas no están dispuestos a cambiar nuestras muy peligrosas leyes de inmigración, estamos, como informamos, dando fuertes consideraciones a la ubicación de inmigrantes ilegales sólo en ciudades santuario… La izquierda radical siempre parece tener una política de fronteras abiertas, brazos abiertos, ¡así que esto debería hacerlos muy felices!”.
Los tuits de Trump contradicen lo que los funcionarios del Gobierno dijeron el jueves por la noche: que la política de transporte en autobús había sido planteada y descartada. Los tuits del presidente sugieren que permanece bajo activa consideración.
El hecho incluso de que sea considerado dice mucho sobre cómo Trump (y Miller) ven no sólo la actual crisis en la frontera, sino a los seres humanos en general.
Porque esto es, en el fondo, una historia sobre personas. Personas que intentaron ingresar ilegalmente al país, sí. Pero, no obstante, personas. Y lo que el presidente de Estados Unidos quería hacerles a estos seres humanos era convertirlos, literalmente, en peones políticos. Envíalos a algún lugar para que puedan, tal vez, lograr un objetivo político suyo y, si no es así, simplemente hacer las cosas más incómodas para sus oponentes políticos.
Piensa en eso un minuto. Y luego recuerda que esta es la misma administración que instituyó una política de tolerancia cero en la frontera que llevó a separaciones masivas de familias, incluidos niños muy pequeños. Y aparentemente no tenía una política establecida sobre cómo rastrear adónde iban los niños después de que se separaron de sus padres o alguna pista real sobre cómo reunirlos una vez que Trump pidió que se pusiera fin a la política. Y ha propuesto cerrar la frontera por completo para evitar el ingreso de inmigrantes. Y ha declarado una emergencia nacional, y por lo tanto ha desviado fondos apropiados para otros fines, con el fin de construir un muro que incluso los que apoyan la inmigración de línea dura no creen que es la solución. Todo después de que el presidente atacara a los inmigrantes que venían a Estados Unidos desde “países de m…” y preguntara por qué Estados Unidos no estaba recibiendo más inmigrantes de países como Noruega.
Todas estas políticas, aquellas realmente instituidas y aquellas soñadas simplemente en la mente de Trump, Miller y otros, están a punto de cumplir las promesas de campaña manifiestas y silenciosas de Trump de que, de ser elegido, detendría el flujo de inmigrantes indocumentados en el país y, por lo tanto, detendría la disolución de la cultura estadounidense.
Es por eso que “Make America Great Again” (Hacer a Estados Unidos grande otra vez) estaba tratando de lograrlo, que algo se estaba perdiendo en medio de la cultura de lo políticamente correcto, en medio de la globalización y, lo más importante, en medio de la inmigración sin restricciones en Estados Unidos. Que quien fue una vez este país había estado desapareciendo durante años y que él era la única persona que podía devolvernos a la verdadera grandeza.
Inherente, si bien no se menciona en gran medida, a ese discurso estaba este hecho: los Estados Unidos que Trump estaba venerando estaban predominantemente dominados por gente blanca, más específicamente, hombres blancos. Y que la afluencia de inmigrantes al país es la culpable de esa “pérdida” cultural.
La creación del “otro” (personas que no se parecen a ti, no hablan como tú o no comparten tu sistema de creencias) fue un arma enormemente potente para Trump en la campaña. Creó una imagen de unos Estados Unidos que se tambalean al borde de la destrucción, la cual proyectó como una pérdida total de la cultura que hizo grande a Estados Unidos. Y estableció las apuestas de la elección simplemente: si no ganaba, los Estados Unidos que sus partidarios amaban se irían para siempre.
Incluso en su discurso de inauguración, Trump proyectó a Estados Unidos como un imperio en declive, derribado por el abandono de la forma en que solían ser las cosas. Trump dijo en ese discurso:
“Madres e hijos atrapados en la pobreza en nuestras ciudades del interior; fábricas oxidadas dispersas como lápidas en todo el paisaje de nuestra nación; un sistema educativo, lleno de dinero, pero que deja a nuestros jóvenes y hermosos estudiantes privados del conocimiento, y el crimen y las pandillas y las drogas que han robado demasiadas vidas y han robado a nuestro país tanto potencial sin realizar.
“Esta carnicería estadounidense se detiene aquí y se detiene ahora”.
Es sólo a través de una visión del mundo de “nosotros versus ellos” que se pueden justificar propuestas como transportar a inmigrantes indocumentados a ciudades santuario en distritos demócratas. Sólo al ver a ciertas personas como menos o como una amenaza puedes tratarlos como peones políticos en tu tablero de ajedrez.
Y cuando ves a las personas como algo menos que, bueno, gente, puedes racionalizar tratarlos de una manera en que ninguna persona debería ser tratada. Ahí es donde estamos con el presidente Trump en materia de inmigración. No hay fondo. Simplemente sigue cayendo cada vez más y más bajo.

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