Wells Fargo y el sonado escándalo de las cuentas falsas

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Una de las peores pesadillas de este país es amanecer con la cuenta bancaria al descubierto. Es la realidad recurrente en muchas familias que luchan por encajar en los bastidores del sueño americano. Una cuenta abierta en un banco es la prótesis que nos hace funcionar en un contexto social. Por eso la creación de 3.5 millones de cuentas falsas con el fin de hacer crecer el poderío de un banco que ya es suficientemente poderoso, no solo es una burla al cliente o al sistema, es una burla a la sociedad en su conjunto.

Wells Fargo no "limpió" las cuentas de nadie, pero sucumbió ante metas que pusieron a 5.300 de sus propios trabajadores entre la espada y la pared y, luego, de patitas en la calle. La purga se plantea interminable porque las irregularidades de Wells Fargo en la banca minorista llevan activas una década. La combinación de los planes de compensación enfocados en la venta agresiva de productos bancarios y una temeraria política de gestión de riesgos crearon la tormenta perfecta que atraviesa Wells Fargo & Corp.

Wells Fargo al descubierto

Un banco al descubierto no es una cuenta al descubierto. La base del sistema financiero doméstico está sustentada en la banca comercial minorista. A través de ella se mueve el resto de mecanismos que, sumados, realizan millones de transacciones por minuto. Si se produce una mínima desviación de su función económica, la sociedad se resiente.

Aunque lo sucedido en las entrañas de Wells Fargo pudiera parecer residual y aséptico teniendo en cuenta el vigoroso y respaldado sistema financiero de Estados Unidos, hay que poner por delante que su ficción supera la realidad. El banco creó una suerte de ficción gestionada por entregas cuya trama ha demorado una década en alcanzar su clímax. Finalmente esta semana les explotó en la cara el escándalo.

Después de investigaciones arbitradas por el Estado, Wells Fargo reconoció que desde enero de 2009 hasta septiembre de 2016, sus empleados crearon 3.5 millones de cuentas falsas. Es decir, cuentas creadas en nombre de clientes ya existentes, pero sin su autorización. Cuentas fraudulentas.

La incursión de Wells Fargo en esta práctica coincide con el segundo año de la última crisis financiera internacional activada por las “hipotecas basura” y los “instrumentos financieros híbridos de elevadísimo riesgo”. Lo más grave es que, como reza su declaración de cultura corporativa y de visión ética, no haya extirpado de sus actuaciones, operaciones turbias y engañosas hacia su propia comunidad de clientes. Frescas están aún en las memorias y en las conciencias de no pocas entidades financieras que las consecuencias de sus malas prácticas terminaron con una lluvia de bonificaciones para sus ejecutivos y una sequía muy cara para millones de familias en todo el mundo.

La investigación independiente liderada por las autoridades de EEUU, al revisar los servicios de pagos online de la entidad, detectó 528.000 cobros electrónicos no autorizados. Otro gran fraude made in Wells Fargo.

Wells Fargo es un gigante insondable con más de 1.9 trillones de dólares de patrimonio y 70 millones de clientes. Las estratosféricas cifras que maneja la multinacional bancaria y su continuo crecimiento, la colocan en el séptimo puesto del listado de compañías más grandes del mundo cotizantes en bolsa, según datos de Forbes. Ante este breve extracto de logros corporativos es fácil inferir que a Wells Fargo ni siquiera le hacía falta incurrir en tales prácticas para sobrevivir durante los años duros y muchos menos, en el pasado reciente.

Wells Fargo no va a sucumbir ante un escollo que sus mismos ejecutivos se han ocupado de incentivar y de paliar. Pero el actual escenario económico y financiero exige de las grandes empresas algo más que números. Su reputación está comprometida y, a la larga, tendrá una repercusión negativa en la cuenta de resultados, porque su marca ya ha estado asociada a escándalos anteriores.

En este último, la empresa culpó a los empleados y los despidió. También prescindió de varios ejecutivos de alto nivel, pero tras el pago de primas multimillonarias en parte fruto del supuesto buen desempeño de los empleados despedidos.

¿Cómo se pueden abrir millones de cuentas falsas sin que el alto nivel ejecutivo lo detecte como tendencia?

La entidad bancaria llegó hasta este momento movido por políticas internas que bajaban en forma de presión de un nivel a otro. Los empleados sentían la presión constante de mostrar resultados para cumplir con expectativas demasiado elevadas de crecimiento de clientes. Era o eso, o a la calle. En medio de la crisis y bajo una fuerte presión corporativa, los empleados alinearon ingenio con espíritu emprendedor y necesidad. Lo más fácil era seguir haciendo lo que normalmente les exigía Wells Fargo, vender varios productos bancarios a un mismo cliente. Tenían los datos, la promesa de incentivos y la amenaza de despido por malos resultados. Optaron por inventar cuentas falsas que fueron creciendo junto a sus incentivos.

Los reguladores locales y federales encontraron responsable a Wells Fargo & Corp. de imponer una cultura generalizada de cumplimiento de metas agresivas. La justicia les alcanzó los talones a través de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor y de la Oficina del Contralor de la Moneda. El caso siquiera deja lugar a equívocos, el informe elevado por la fiscalía de Los Ángeles explica que los empleados dejaron sus rastros de invenciones por doquier. Según los investigadores, los empleados transfirieron fondos de manera ilegal a cuentas no autorizadas y crearon códigos PIN para tarjetas de débito que los clientes jamás solicitaron.

El mea culpa colectivo

Tim Sloan, Consejero Delegado de Wells Fargo ya cantó el mea culpa de la entidad, desde un comunicado corporativo y una entrevista en vivo en el programa Money de la CNN. "Pedimos disculpas a todos los que se hayan visto perjudicados por estas prácticas inaceptables en nuestro banco minorista", dijo sin ambages. "El máximo representante corporativo de la entidad solo lleva meses en el cargo, mas ha tenido que asumir sus explicaciones acompañadas de una exhortación a la confianza de los clientes y de todos nuestros asociados”.

El banco destinó un pago de 142 millones de dólares para solventar reclamaciones. También devolverá de forma inmediata los 910.000 dólares cobrados a los clientes por concepto de comisiones o cargos de servicios no contratados.

Si se contabiliza que Wells Fargo creó un fondo de 10.7 millones de dólares para devolver intereses cobrados indebidamente y que elevará a más de 6 millones el desembolso para compensar a los clientes afectados, podría afirmarse que se han puesto las pilas.

Habla Wells Fargo

¿Serán suficientes tales medidas? DIARIO LAS AMÉRICAS se comunicó con la vicepresidenta de Comunicaciones Corporativas de Wells Fargo Florida & Southeast Regions, Rosanna M. Fiske, con varias preguntas sobre el difícil presente de la entidad.

“Nuestra primera prioridad es remediar la situación con nuestros clientes, y la conclusión de esta investigación expandida es un paso importante”, declaró Fiske en exclusiva para DLA refiriéndose a los mecanismos desplegados por el banco para resarcir a los afectados y regenerar la gestión de la entidad hasta volver a ganar reputación y confianza.

Bengt Holmström, Premio Nobel de Economía 2016, previno en sus investigaciones sobre los peligros empresariales de vincular el incentivo de los ejecutivos a su rendimiento en circunstancias que son obviamente cambiantes. Que Wells Fargo traiga a colación anomalías empresariales que parecían obsoletas remite al debate moral y ético en el que la banca debe rendir cuentas por el costo total de su fracaso independientemente del tamaño que ocupen en el mercado.

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